POV: Vivienne
El internado Le Rosey en Suiza era un castillo de cuento de hadas.
Torres medievales. Jardines perfectamente cuidados. Lagos cristalinos.
Pero para Vivienne Delacroix-Salib, había sido una prisión durante tres años. La prisión donde sus hijos habían crecido sin ella.
Hoy, la puerta de hierro forjado estaba abierta.
Vivienne bajó del coche oficial del consulado francés.
Llevaba un abrigo color camel y zapatos planos. No quería parecer una dama de sociedad. Quería parecer una madre.