POV: Vivienne
El mensajero de DHL Express parecía aburrido.
Para él, el sobre blanco y rígido que entregaba en la suite del hotel en Zúrich era solo otro paquete prioritario.
Para Vivienne Delacroix-Salib, era oxígeno.
Firmó el recibo digital con una mano que parecía de madera. Rígida. Fría.
—Gracias —murmuró.
Cerró la puerta.
Se quedó sola en el silencio de la habitación, con el sobre apretado contra su pecho.
Llevaba el sello oficial del Tribunal Superior de Justicia de La Haya.
Rojo lacre.
V