POV: Vivienne
El mensajero de DHL Express parecía aburrido.
Para él, el sobre blanco y rígido que entregaba en la suite del hotel en Zúrich era solo otro paquete prioritario.
Para Vivienne Delacroix-Salib, era oxígeno.
Firmó el recibo digital con una mano que parecía de madera. Rígida. Fría.
—Gracias —murmuró.
Cerró la puerta.
Se quedó sola en el silencio de la habitación, con el sobre apretado contra su pecho.
Llevaba el sello oficial del Tribunal Superior de Justicia de La Haya.
Rojo lacre.
Vivienne caminó hacia la ventana. Fuera llovía, pero ella sentía un calor sofocante.
Durante tres años, había soñado con este momento. Lo había imaginado de mil maneras.
A veces, imaginaba que Khalid moría y ella era libre. A veces, imaginaba que secuestraba a los niños y huía.
Pero nunca imaginó esto.
La victoria a través de la tinta.
Rasgó el sobre.
Sacó el documento.
Eran cinco páginas. Papel grueso, color crema, con marca de agua.
Sus ojos saltaron directamente al final de la primera página.