88. Una salida incierta
El abrazo de Ignacio no es lo que esperaba. Su mundo hecho pedazos otra vez la envuelven en una manta de horror, presa en lo que tanto quiso evitar.
—Altagracia —su nombre en labios de Ignacio es una daga en el corazón. Ignacio ahora toma su rostro bañado en lágrimas secas—. Todo éste tiempo creí que habías muerto…
Altagracia pide auxilio a gritos dentro de ella. Esto no puede estar pasando.
«No, no» se repite.
—Necesitamos hablar. Necesitas decirme qué fue lo que ocurrió y porqué decidis