87. Todo es un desastre
Los jadeos impresionados no tardan en hacerse presente. Rostros conmocionados, murmullos rápidos que se expanden desde todos los extremos. Nadie esperaba algo así, y mucho menos lo esperaba Altagracia, rígida en el lugar sin dejar de ver conmocionada a Ana.
Frágil se siente, de pronto. Como si el mundo hubiese dejado de existir. Los murmullos intensificándose con cada pasar de los segundos. El eco que dejó Ana con su declaración se expende por todos los lugares.
En la soledad de su horror,