47. No tienes mucho tiempo
—Eso estuvo —Soledad suelta su último suspiro, acomodándose su vestido—, muy bien, Juan Carlo. Como siempre —Soledad le guiña el ojo al bajarse del escritorio, acariciando sus hombros—, estuviste de maravilla.
Juan Carlo se sube el cierre de su pantalón, agitado por lo que acaban de hacer.
Empieza a arreglarse las mangas de su camisa sin apartar la mirada de Soledad mientras ella deliberadamente sonríe y se acomoda sus tacones. Se inclina a besarlo una vez más.
—¿Esperaste por mí toda la