141. Un enemigo escondido
—¡Sí! —Altagracia se lleva las manos a los labios. Los nervios le crean el tartamudeo, y para el colmo, las lágrimas que había jurado ya no dejarlas salir están ahí. La razón para ellas es algo nuevo: son de felicidad—. Acepto ser tu esposa, Gerardo.
Gerardo también sonríe, sin apartar su mirada devota en amor de Altagracia. El viento mueve las copas de los árboles, y con eso arrastra las hermosas hojas de un flamboyán para acompañarlos, como si supiera de éste regalo que supera con creces cual