123. Resentimiento
Altagracia se agarra del escritorio, creyendo que observa sólo un espejismo, algo que está imaginando, algo producto de la culpa que nunca la ha dejado.
Incluso cierra los ojos, intentando convencerse de que una vez los vuelva abrir nada de esto será real. Absolutamente nada.
Una pequeña risa suave se escucha en el salón.
—No tengas miedo de mí. Vine en paz. ¿Sabes?
Altagracia abre los ojos, está vez horrorizada. Está pálida en su sitio, y no puede hablar cuando vuelve a ver a su hermana