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Ana.
― ¡Calla, mujer! ―me espeta ahora Calel, mirándome fijamente―deja que el hombre tome su decisión, después de todo, ¿no ha dicho que le duele que te hayas ido? Veremos si realmente ha sufrido lo suficiente, o si te dejará aquí sola, sabiendo que te morirás por segunda vez―se mofa muy ufano, mientras Levy lo está mirando fijamente muerto de rabia y aun con la amenaza de querer despedazarlo personalmente.
―Abdicaré―le responde finalmente y ahora me mira a mí con ojos esperanzados―pero eso