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Ana.
Con gritos de júbilo, todos los soldados marchan felices por las calles de la nueva manada, la cual está ahora abarrotada de gente, quienes están muy felices por nuestra victoria, al tiempo que llegamos a la casa de la manada, en donde me esperan mis pequeños, y noto que Levan está de pie y listo para correr a mis brazos, algo que me emociona muchísimo, al igual que observar cómo Lennon me mira directo a los ojos, y ya no hay ni una pizca de esa tela blanquecina que cubría sus pupilas.