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Levy.
Y en cuanto tengo la cámara de video en mis manos, siento algo de remordimiento, porque es evidente.
Ana tiene la razón.
No, no puedo ni siquiera tocar el aparato, solamente de pensar que he estado acusando a gente injustamente.
―Toma―le digo a Calel, quien me mira extrañado, cuando le devuelvo el aparato―reproduce la cinta―le pido, como muestra de confianza en él, quien parece nervioso por un momento y al siguiente, está tomando la cámara y enciende el botón.
Pero espero un instante