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Ana.
―Quiero saber si entiendes bien que has firmado un contrato conmigo o si se te ha olvidado, Ana―me dice Levy, en cuanto cierra la puerta de mi habitación y me levanta la cara para que su mirada apuñale la mía, con tanta ferocidad y rabia, que, si fuera en otro momento, estuviera temblando de pie a cabeza, imaginándolo tratando de golpearme.
Pero en este momento no me importa absolutamente nada.
―No entiendo a qué se debe todo esto, mi alfa―le digo entre indignada y molesta, por la mane