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Ana.
La mirada de Calel es tan intensa, que incluso me hace temblar, como si él estuviera desesperado porque le diga que sí a su petición.
Pero no soy tonta.
―No puedo hacer eso, Calel―le digo y él me mira de hito en hito, como si no se pudiera creer lo que le estoy respondiendo.
―Pensé que estarías feliz de acabar con el alfa Casius, después de todo lo que hizo con tu familia―me señala y yo trago en seco.
Porque sí, eso es muy cierto, pero hay cosas que me atan a esta manada, cosas como el