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Ana.
En cuanto veo a mis hijos, voy directo a abrazarlos y a verificar de que están bien.
Pero, no lo están, todo lo contrario, porque pareciera que el humo rojo les ha hecho quemaduras, dejando su piel marcada con ampollas y en algunos puntos, la piel expuesta.
―No es nada que un buen ungüento no pueda curar―nos dice la Sabia, que viene detrás, así que asumo que todos nos han alcanzado, tal y como les ha pedido Levy―vengan de inmediato a mi despacho―les indica con una sonrisa y, aunque qui