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Levy.
Ana sigue en mis brazos, con temblores por todo el cuerpo, como si estuviera convulsionando, al tiempo que de su boca está saliendo espuma.
― ¡De prisa, Ezra, trae al médico! ―le pido, al tiempo que la recuesto en uno de los sillones del despacho de la Sabia.
Y de pronto, se detienen las convulsiones y de su boca deja de salir el líquido, pero aún no reacciona.
Me pregunto si he hecho lo correcto al permitir que Ana beba de la pócima, después de enterarnos que la Sabia ha estado traba