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Ana.
Ateba está muy inquieta en mi cuerpo, como no sabía que podía estar un espíritu lobo. Pensé que estaría feliz de saber que Sanjay seguía aquí, entre nosotros, al igual que me sentí en cuanto vi a Levy, aunque se mostrara tan frío conmigo.
Con que estuviera vivo era suficiente para mí, aunque ya no fuéramos nada.
Es cuando me río, porque él y yo nunca fuimos algo, una concubina, la madre de sus hijos, el recipiente que llevaba a sus bebés.
Él y yo jamás fuimos una pareja, eso es claro p