Perspectiva de Ella
Tres semanas pasaron desde aquella noche sin que ocurriera nada fuera de lo normal.
Poco a poco, mi vida se convirtió en una rutina sencilla, incluso reconfortante. Antes, una existencia tan repetitiva probablemente me habría desesperado, pero ahora cada día igual era un regalo: significaba que podía pasar un día más junto a mi hijo.
Cada mañana despertaba al amanecer. Cambiaba el pañal de Lucien, le daba su biberón mientras él me observaba con esos ojos de distinto color que