Alexander parecía satisfecho. Evité las miradas de todos y me concentré en servirme una taza de café. Elegí unas fresas maduras y unas rodajas de melón fresco, luego estiré la mano hacia el plato de tostadas con mantequilla en el centro de la mesa.
El plato estaba un poco lejos, y Liam, que estaba más cerca, me lo pasó. Nuestros dedos se rozaron cuando lo tomé y le sonreí a mi amigo.
—Gracias.
A mi lado escuché un golpe seco.
Di un pequeño salto y miré hacia Alexander. Se había golpeado la rodil