El auto se detuvo frente a la puerta de la casa. James le dio las llaves al mayordomo para que lo parqueara en la cochera y se apresuró a seguirle el paso a Isabella, que había corrido adentro con los zapatos en la mano y la necesidad urgente de huir de la presencia de su falso hermano y poner distancia entre ambos.
—¿Isa… ¡Isabella! — él llamó con insistencia — Por favor, dime qué te pasa.
La mujer se detuvo y respiró hondo antes de darse la vuelta, traía los ojos húmedos y hacía grandes esfuer