Isabella apuró el trago de la bebida dulce caliente, esperando que la ayudara a recomponerse, mientras luchaba por no desvanecerse.
Siempre había sabido que Mikel era un canalla, o al menos lo supo cuando la rechazó aquel día de su séptimo aniversario de bodas creyéndola capaz de traicionarlo, cuando le lanzó las fotos de su supuesta infidelidad a la cara gritándole improperios y tratándola como si fuera una cualquiera capaz de hacer una cosa tan baja, ¡A ella!, que lo único que amaba más en la