James le dedicó una sonrisita burlona a la secretaria mientras las puertas del elevador se le cerraban justo en la cara.
—¡Listo, James, ya estás aquí! Ahora debes hacer que esto valga la pena y encontrar algo que sea útil — se dijo a si mismo manteniendo la vista baja para eludir a la cámara.
Arriba en presidencia, la hermosísima mujer vestida de rojo cruzaba la puerta de la oficina de Mikerl Wolf.
—Siéntate Isabella, ¿Te apetece un café?
—¿Tienes té? Creo que el tiempo en Londres me hizo amar