Isabella se echó a andar a paso largo y rápido, como queriendo escapar con rapidez del lugar. De pronto, el bullicio de la gente, las luces y los colores comenzaron a ejercer sobre ella un malestar más que evidente. Era como si todo el maldito edifico quisiera venirse encima con su peso aplastante sin haberla tocado, todavía, una sensación de claustrofobia recorrió su cuerpo, dificultándole respirar. James la observó en silencio, caminando junto a ella y manteniéndole el paso con dificultad.
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