—¿Sí, diga?
—¿Jofrey?
—¡Sí, señor Emmett! — contestó el otro al darse cuenta de quién le hablaba.
Jofrey era uno de los perros falderos de Emmett Wolf, el mandadero, el tipo al que Emmett llamaba para hacer su trabajo sucio, su mejor sujeto, aunque no lo admitiera.
—¿Me enviaste toda la investigación sobre los Lennox que te pedí? — preguntó de forma altanera mientras revisaba por quinta vez el material del folder.
—¡Sí, señor! Por supuesto, todo lo que me pidió — aseguró con vehemencia, sabía q