La puerta de la residencia se cerró, dejando a la señora Minerva fuera.
Doña Filomena no tenía deseos de comentar nada acerca de los Vogel.
Al ver la expresión preocupada de Eduardo, —le preguntó:
—Señor Eduardo, ¿qué ha pasado?
Eduardo entregó el látigo al mozo y movió la pierna izquierda para aliviar la molestia. Había montado a caballo todo el día, y su pierna herida comenzaba a dolerle.
—La Princesa Heredera no aceptó los regalos de la señorita. —dijo en voz baja, preocupado de que alguien m