Eduardo salió a caballo llevando varias cajas de regalos. Tal como se esperaba, los guardias del reino no le preguntaron a dónde iba. Mientras la señorita de la familia Vivar no saliera, no había problema.
El rey había ordenado que Isabelita no pudiera salir de la casa, pero esto no afectaba a los demás miembros del hogar. Además, con una villa tan grande, las entradas y salidas para comprar suministros eran inevitables.
Eduardo llegó a la residencia de la Princesa Heredera y dijo que la señori