Desislava se rio locamente al escuchar esas palabras,
—¡Ni siquiera eres capaz de decir la verdad, Isabella, qué audacia la tuya! ¡Y qué hipócrecia también! —
Isabella no le prestó atención y continuó,
—Segundo, viniste a buscarme, diciendo con arrogancia aquellas palabras que todavía recuerdo. Dejame recordarte que menosprecias a las mujeres que antes decias que por que tenías el cargo de generala tanto protegías y animabas a ser mejores. No te envidio, pero sí te desprecio. Como mujer, no tie