Juanita temblaba mientras le entregaba el equipaje a Isabella.
Nadie se atrevía a creer si quiera a pensar que la noticia fuera cierta, porque en ese entonces, al contar los cuerpos, no faltaba nadie.
Especialmente los niños: los hijos de los sirvientes de la casa y los habitantes estaban todos presentes.
Aunque Isabella repetía una y otra vez que no lo creía, en su corazón aún albergaba una pequeña ilusión que quizás por azar del destino esto fuese cierto, y ese niño era Raulito, pero ¿cómo?.
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