El doctor Dagel regresó por orden de la Gran Princesa, pues ella no dejaba espacio para la indulgencia cuando quería humillar a alguien. Aunque ya había explicado el asunto anteriormente, la esposa del oficial implicado también estaba presente y Dagel no tenía ningún inconveniente en repetirlo.
Desde detrás del biombo, su voz sonó severa y anciana:
—Rosario sufre una enfermedad cardíaca y episodios de tos con sangre desde hace muchos años. Dicha dolencia es crónica y no tiene cura. Pero lo único