Isabelita no pensaba irse tan fácilmente. Mientras no abandonara la idea de casarse con el príncipe, la Reina Leonor tampoco pensaba dejarla ir.
Por su parte, Isabelita seguía en reverencia con calma. Durante su tiempo en el cerro de los cerezos, ya se había acostumbrado a andar mucho tiempo de rodillas.
Ella no tenía intención de ganarse el favor de Benito. A su alrededor no faltaban quienes la adularan, y su matrimonio con el príncipe era un acuerdo de conveniencia para ambas partes, sin neces