Juana estaba en sumo super contenta de su regreso y como loca solo gritaba:
—¡Isabelita! ¡Isabelita!
Isabella la miró sin poder evitarlo. Juanita parecía haber perdido cualquier atisbo de compostura.
El Rey Benito estaba sentado junto a Isabella, observó a Juana por un momento y pensó:
—Ella se llama Juana, ¿cierto?
—¿El Rey acaso aún la recuerda? —preguntó Isabella, sorprendida.
—Sí, que la recuerdo —respondió Benito con una sonrisa ligera.
—Recuerdo que una vez, cuando fui al Templo del Conoci