Al finalizar la música, todos sintieron una oleada de emoción. La sangre de los presentes hervía, y sus corazones latían con fuerza, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Los generales habían recorrido cientos de batallas, muchos habían muerto en las fronteras, y ahora sus restos eran traídos de vuelta a casa.
El último golpe de tambor resonó fuerte, y el silencio solemne volvió a reinar. Benito, con el altar de Esteban en sus manos, levantó el altar en alto justo antes de entrar en la ciud