La noticia de la recuperación de los Llanos Fronterizos del Sur llegó a la capital. El emperador, al leer el informe de la victoria, rompió a llorar. Durante la sesión matutina, todos los oficiales y ministros se arrodillaron y clamaron al unísono:
—¡Gracias sean dadas al Cielo!
La gran noticia voló por todas partes como si tuviera alas. Primero lo supieron las familias de la nobleza, luego toda la capital, y finalmente, se difundió por todos los confines, las provincias y las regiones. Todo el