—¿En serio tengo que mudarme a tu habitación? —preguntó Hana, nerviosa e incómoda. También sintió que su parte lobuna se estremecía a su vez, una reacción rara por parte de su loba risueña y pacífica.
—Sí. Debemos hacer creer a todos que de verdad nos amamos y esas tonterías —explicó Adrien—. Recoge tus cosas, tu mudanza debe ser lo más discreta posible.
Hana asintió y tomó las pocas cosas que consideraba suyas; no eran más que limitadas prendas de vestir, dos libros y una fotografía, la cual c