ANASTASIA
Llegó el día, por fin, estoy terminando de firmar los documentos que le van a entregar la libertad a Luca para que pueda estar al lado del hombre que ama; Martín. La tinta se desliza con facilidad sobre el papel blanco hasta que finalmente terminamos.
—Muy bien, señor y señora, ambos han quedado divorciados oficialmente —nos dice el juez—. Felicidades.
Asiento y recibo con un inmenso cariño el abrazo que me da Luca.
—Sabes que te amo, princesa —me susurra al oído—. Demasiado.
—Y