—¡Maldit4 sea! —exclamó Joseph, golpeando el volante del coche, mientras conducía a toda velocidad.
No podía ser. ¿Qué clase de brujería les habían echado para que todo les pasara a ellos? ¿Es que acaso no podía tener ni un mínimo respiro?
Él no creía en hechizos ni en nada paranormal, pero todo lo que les había sucedido hasta la fecha distaba mucho de ser normal.
Con dificultad, se incorporó a la carretera, procurando no perder de vista el BMW que iba frente a él a varios coches de distancia.