Un año después, Eileen comenzó con náuseas y mareos, por lo que, inmediatamente se lo comunicó a Joseph.
—¿Crees qué...? —preguntó Joseph con los ojos desorbitados.
—Solo lo sabremos cuando me haga un test. Prefiero hacerme una prueba de laboratorio.
—¿Qué hora es? —preguntó Joseph y miró su Rolex—. Tenemos tiempo para ir. Aún no has desayunado.
—¿Quieres hacerlo ya? —lo interrogó—. Solo tengo un retraso de un mes.
—Eso y tus síntomas son suficientes para que sospechemos. ¿Por qué mejor no