Eileen no supo en qué momento se había quedado dormida, cuando oyó la voz característica de Malena, quien la zarandeaba intentando despertarla.
—¡Mamá! ¡Mamá! —repetía una y otra vez la pequeña.
—Hola, mi niña —dijo Eileen con voz somnolienta—. Perdona, no sé en qué momento me he quedado dormida.
—Estás demasiado cansada, mami. Y eso que ya no estás trabajando. ¿Estás enferma? —la interrogó la chiquilla.
Eileen, a pesar de conocer a su hija y la capacidad deductiva de esta, se sorprendió de que