Capítulo 44. Calmar el corazón
—¿Por qué haces esto, Aletta? ¿Aún puedes preocuparte por ese monstruo? —preguntó Adrian con voz baja y ronca a su espalda, interrumpiendo el movimiento de Aletta.
Aletta no respondió de inmediato. Dejó que el silencio se alargara, concentrando toda su atención en la bandeja que estaba preparando.
El vapor tibio de la sopa se elevaba suavemente, llevando consigo un aroma especiado que, en lugar de reconfortar, volvía más opresiva la atmósfera silenciosa de la cocina. Con movimientos sumamente c