Capítulo 28. Espera el día señalado
—¿Crees que ese contrato puede protegerte, Aletta?
Daniel cortó la carne en su plato con calma. Su voz era suave, casi cortés, pero volvió de pronto el ambiente del comedor insoportablemente denso.
Adrian estaba sentado al lado de Aletta, el cuerpo rígido. No tocaba su comida; su mirada permanecía fija en Daniel, una mirada lista para abalanzarse en cualquier momento.
—Ese contrato ya fue firmado —respondió Adrian con frialdad—. ¡No empieces otra vez!
Daniel dejó el cuchillo. El tintineo del me