Capítulo 10. Una visita inesperada
—¿De verdad crees que un pedazo de papel puede engañarme, Adrian?
Las puertas del ascensor se abrieron, y aquella voz los embistió de inmediato.
Los pasos de Aletta se detuvieron en seco. En el sofá, en medio de la sala, Anderson Vance ya estaba sentado erguido, aferrando el mango de su bastón de plata. A su lado, el abogado permanecía rígido, con un maletín de cuero sobre el regazo.
Maldita sea. Aletta podía sentir el sudor frío empapándole la espalda.
—Una visita inesperada, abuelo —dijo Adri