Livia
Sentí su cuerpo demasiado caliente, la fiebre había subido un poco; alarmada llamé al doctor, pero dijo que era normal, que ya tenía suministrado el medicamento y que al finalizar la noche estaría mejor.
—Joder, este no es el tipo de calentura que me gusta —murmuraba para distraer la mente. Coloqué otro pañito en su frente, mis ojos angustiados reparando en cada aspecto de su hermoso rostro, preocupada a niveles desorbitantes.
Pasaron dos horas y el cielo comenzaba a iluminarse, la fiebre