Capítulo 20

Livia

—¡Ven aquí, perra! —gritó el hombre detrás de mí. No me detuve; corrí hasta llegar a la puerta doble y, de prisa, apunté la clave de seguridad que tantas veces había visto. Estas se abrieron y entré, cerrándose justo en sus narices.

—Mierda, mierda, mierda —llevé las manos a mi cabeza, sosteniéndola, la adrenalina todavía corriendo por mis venas, sin poder creerlo del todo. Estuve a punto de caer en sus manos. No tenía idea de quién era, pero estaba segura de que eran hombres de Darío.

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