Mundo de ficçãoIniciar sessãoBriana no tardó en llevarse a los niños a dormir a la guardería, y Mael me ayudó a desvestirme para acostarnos. Ahora que estábamos solos, los dos dimos rienda suelta a nuestra curiosidad, y pasamos un par de horas explorando aquel nuevo descubrimiento.
Pronto comprobamos que aunque podía escucharlo en mi mente, no era recíproco. Por más que lo intentamos, no logré responderle si no era de viva voz.
—No es justo —rezongué acurrucándome contra su costado, en sus brazos—. Quedaré







