Mundo ficciónIniciar sesiónMilo y los demás llegaron mientras preparábamos los suministros para los puestos del oeste. Al ver sus expresiones cuando creyeron que los esperaba para volver a arrastrarlos al camino, meneé la cabeza sonriendo.
—No necesitan acompañarnos —les dije—. Los hijos de Baltar y los demás muchachos nos escoltarán.
Proteger una caravana de mulas solía ser trabajo de los Omegas, pero a Milo no lo convencía la idea de que me paseara por la frontera sin más escolta que media docena de los







