Las mejillas de Sylvia se encendieron. Se mordió el labio y, tras pensarlo un momento, se atrevió a preguntar:
—¿Podrías… hacerlo con más cuidado luego?
Había oído que la primera vez dolía mucho.
No quería sufrir más de lo necesario.
Al oír eso, Hiram soltó una risa baja y la miró con descaro.
—¿Todavía eras virgen?
Mejor que se callara. ¿Qué importaba preguntarlo, si dentro de un momento ya no lo sería?
Sylvia bajó la mirada. Hiram la besó un rato en el rostro; la impaciencia comenzó a dominar