—¡Arriba! —varios secuestradores empujaron a Bella escaleras arriba y la metieron en una habitación, bajando una cortina improvisada como puerta.
Sylvia y las dos criadas fueron empujadas a otra habitación de cemento. En el forcejeo, chocaron entre sí y las tres cayeron al suelo hechas un ovillo.
Dos hombres entraron uno tras otro. Se quitaron las capuchas negras, revelando rostros de criminales curtidos, y las miraron con desdén.
—Solo son tres mujeres. No vale la pena gastar balas, y además h