—¿Quién? —preguntó Hiram, sin siquiera recordar el nombre de aquella mujer.
Al verlo, Martin lo comprendió de inmediato y añadió la segunda parte de la frase:
—Cuando realizaron el secuestro, Sylvia también estaba en el lugar. Se la llevaron junto con ella.
Hiram se quedó quieto un instante, deteniendo el movimiento con el que removía la pasta. Luego soltó una risa fría.
—Perfecto. Por fin va a sufrir un poco.
Los que se atrevían a secuestrar gente para amenazarlo eran, sin excepción, unos suic