—¿De verdad? —Hiram arqueó una ceja.
—En el pasado, hubo personas del barrio marginal que intentaron por todos los medios huir a la ciudad. Para evitar ser reconocidas, llegaron incluso a amputarse la mano para deshacerse de este brazalete electrónico —añadió Martin.
Quienes eran enviados al barrio marginal eran considerados, a ojos del público, la escoria más despreciable; para la mayoría, la gente de ese lugar ni siquiera merecía ser llamada humana.
En cuanto alguien era descubierto en la ciu