Los quince días se pasaron volando, en los que peleé cada día con los que me retaban en la manada. Finalmente, logré vencer a todos los que dudaban de mí.
Aunque la Manada Lobo Blanco todavía estaba débil, alguna vez fue el paraíso al que todos los licántropos querían llegar.
Viendo a esos Alfas, que normalmente eran bien arrogantes, con la cabeza agachada, entrando con cuidado a mi palacio, sin atreverse ni a mirar a sus anchas, sentí una satisfacción que no puedo explicar.
Solo entonces enten