En la puerta del quirófano, Basilio me dio una palmadita en la cabeza, como para tranquilizarme. —Relájate en la cirugía, yo te espero afuera.
—Cuando salgas, vas a ser la novia más guapa del mundo.
No dije nada, solo lo miré en silencio.
Las puertas del quirófano se cerraron despacito, y el anestésico especial que me iban a poner quedó olvidado a un lado.
El Dr. Mateo estaba curando mis heridas con manos súper expertas, cada movimiento bien preciso.
Hasta juró por la Diosa de la Luna que no m