Durante los siguientes dos días, Basilio no me buscó, tal cual había dicho.
Andaba ocupado recibiendo a los representantes de otras manadas que venían a su boda.
La mañana de la boda, vestido con el traje que yo había escogido personalmente, fue a recoger a Milagros a la mansión que yo había decorado con mis propias manos.
En medio de su agenda apretada, por fin me llamó.
Sin expresión, le pasé el teléfono al Dr. Darío que estaba a mi lado. —Alfa, la Gamma Dalia se puso dos dosis de anestesia